LOS ANGELES, Estados Unidos.- Si el médico Conrad Murray hubiera cumplido con su deber, el Rey del Pop estaría vivo y creando. Pero no. La Justicia determinó que en realidad no hizo nada de lo que juró cuando se recibió. Por eso Michael Jackson murió el 29 de junio de 2009, poco después de haber cumplido 50 años.

Durante casi dos meses los jurados escucharon las pruebas tanto de la acusación como de la defensa. Y llegaron a la conclusión que Murray debía ser condenado por homicidio involuntario. Esto es, no lo mató, pero tampoco hizo nada para evitarlo. Michael murió por sobredosis de sedantes.

El cantante, que había sido sometido a diversas operaciones quirúrgicas, sufría de insomnio, depresión y estrés. Pero estaba en un momento creativo excelente. Se esperaban una serie de conciertos suyos con promesas de enorme espectáculo. Pero no pudo ser. Fue uno de los más grandes. Un genio creativo que dejó su nombre escrito en el mundo de la música, casi al lado de The Beatles, de Elvis Presley y de The Rolling Stones.

Se durmió con los sedantes y nunca más se despertó. La culpa de eso la tuvo su médico. Pasaron dos años de la muerte, y ya hay un culpable. Murray podría recibir una pena de hasta 4 años de prisión, que se conocerá en 15 días. Pero el tiempo es lo de menos. La música de Jackson no morirá nunca.